Apasionado y especialista en la pesca, el correntino despunta el vicio
recorriendo algunas tiendas o los supermercados, donde la
variedad de artículos para esa actividad es abrumadora. "Una vez fui a
uno que te vendía lanchas y hasta las podías probar ahí mismo, en un
lago artificial que estaba pegado. Una cosa de locos", dice, de buen
ánimo, la carta principal en el Sunrise Tennis Club en la búsqueda de
seguir perteneciendo al Grupo Mundial, como ocurre desde 2002.
Como número 25 del mundo, Leo es consciente de que se espera mucho de
sus fortísimos tiros. Su temporada es mágica, la mejor de su carrera,
con un título (Hamburgo) y una final (Viña del Mar), pero sobre todo con una regularidad y una madurez que lo distinguen.
Nada es por casualidad. Los ciclos no son iguales para todos. El tenista
que debutó por la Ensaladera en 2009 ante la República Checa (2-3, por
los cuartos de final), con Tito Vázquez como capitán, a los 27 años
halló la lucidez, deportiva y emocional. Sin lesiones que lo perturben
(vivió pesadillas por su maltrecha espalda), Mayer puede competir sin
cadenas. Fuera del court, alcanzó una armonía que lo liberó de los
miedos. Auténtico, sensible y retraído, padeció por muchos años vivir en
la Ciudad de Buenos Aires, en medio del ruido, del tránsito y los
bocinazos, del ritmo frenético. Lejos de Corrientes sentía un
hostigamiento. Le costaba integrarse. Pero, poco a poco fue logrando
estabilidad apoyado en su grupo de trabajo, con Leo Alonso como líder, y
hasta con un licenciado en psicología, Juan José Grande, que conoce el
idioma de la alta competencia, ya que navegó y corrió regatas durante
gran parte de sus 54 años. El trabajo con Grande fue -y es-, según le
confiesa Mayer a La Nacion, igual de importante que la parte técnica y
física. "Antes sufría mucho, sí, porque era diferente la vida en
Corrientes, que es más tranquilo. Ahora me empecé a acostumbrar. Sufría
porque era como que no tenía tiempo en el día. Ahora voy manejando mejor
los tiempos. Me gusta hablar, es importante, igual de importante que
todo lo otro", dice Leo.
Grande, desde hace seis años, también trabaja con la primera de rugby de CUBA. "Leo
es auténtico y le costaba estar en Buenos Aires. Lo ayudó tener un
staff de equipo sólido y esa estabilidad fue clave para que pasara los
túneles. ¿A qué llamo túneles? A cuando no estaba cómodo y encima, por
los dolores, ni siquiera podía manejar el auto, no sólo no ir el
gimnasio. Su tenis es muy intenso y él es competitivo, apasionado,
compite mejor de lo que entrena y hoy lo demuestra. Su performance
actual tiene que ver con la maduración, con la adaptación y un proceso
de crecimiento que no tiene recetas. Tiene una agresividad competitiva
extraordinaria. Pero fuera de la cancha es lo contrario, nunca te va a
decir «tengo un mejor auto, la ropa, la casa»." No. Tiene instinto
asesino en la cancha, pero afuera es sensible. Por eso le llevó tiempo
acomodarse a este ritmo. Le gusta estar más en el país que afuera, y
tuvo que aprender. El tenista tiene que aprender a vivir en el exterior,
y no es fácil desconectarse, no tener aspectos de tu identidad, comer
un asado, estar sin amigos... Leo es auténtico, arraigado. No es casual
que siendo correntino le guste pescar; tiene sensibilidad hasta para
saber con qué es más adecuado encarnar un dorado; es un libro abierto",
le explica Grande, a canchallena.com, sobre un largo proceso que
debieron atravesar juntos, que acarreó horas y horas de diálogos, y que
derivó en una amplia evolución, desde su manera de expresarse a la
soltura dentro de la cancha.
Aquellos que conocen a Mayer y lo ilustran, coinciden: no sabe lo que es la maldad. "Tiene
humor, siempre te saca una sonrisa, es inteligente y no sólo para
pegarle bien a la pelota. Tuve la suerte de nacer en una familia
universitaria, tengo mis estudios y cuando hablamos, Leo me escucha con
una sed impresionante. Es un lujo trabajar con él. ¿Cómo sigue esto?
Debe seguir haciendo lo mismo. No hay que cambiar casi nada. Va por muy
buen camino y es extraordinario lograr un equipo de trabajo con
estabilidad, es una de las claves de su éxito", añadió Grande. "Sí,
encontré un equilibrio. Ahora empiezo a ver los frutos. También uno es
más grande y empieza a entender cómo es el mecanismo de ciertas cosas,
cómo se pueden solucionar los problemas. Ahora ya no sufro tanto por
perder un partido. Disfruto y nada más", sentencia Mayer, el hombre
que, si es por él, estaría pensando en algún río, pero no puede porque
antes tiene un desafío: colaborar para que la Argentina mantenga la
categoría. Ya está preparado para ello.
Nota: CanchaLlena.com

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