La
realidad demuestra que no están a la altura de las circunstancias, que
no hay con qué pelear mano a mano. Ya no se puede hablar de mala suerte o
querer echarle la culpa al árbitro por el penal que cobró. La realidad
es que hay un equipo clase B contra los de A.
Digamos las cosas por su nombre, basta de disfrazarlas o
maquillarlas, lo que es blanco es blanco y lo que es negro es
negro, no hay grises. Basta de culpar al otro de tus propios
fracasos, ya no se puede seguir con la mala suerte, con que la
culpa es de fulano o sultano, de una buena vez hay que decir que
estamos en la A con un equipo de la B, y que por consecuencia no
estamos a la altura de los acontecimientos y por ello este
presente, que no es tan presente, porque ya es una triste
realidad de Mandiyú en todos estos últimos años.
“La culpa
no es del chancho sino de quien le da de comer”, dice un refrán y
que aquí cabe bien para deslindar de responsabilidades a los
jugadores de esta situación, porque ellos no son más que meros
instrumentos que fueron contratados para afrontar este
compromiso, y que fecha a fecha dan la cara y tratan de dar todo
de sí por enderezar el rumbo de este barco, que como viene la
mano tiene un triste final, más allá de que aún queda un camino
por recorrer.
No alcanza con el salvataje económico que
llegó desde el Gobierno de la Provincia, porque el problema en
Mandiyú es más de fondo que de plata. Hoy el dinero era
necesario para tratar de evitar que quienes están al frente de
la institución tomen la desacertada decisión de querer
abandonar la competencia y que así Corrientes pierda un lugar
en el contexto del fútbol nacional, que será difícil de volver a
recuperarlo. Lo de Mandiyú hoy pasa por la irresponsable
manera en que se manejó el armado de este equipo, se creyó que
se podía jugar un certamen de esta envergadura con un equipo
B, y los resultados ya cuando está próxima a morir la Primera
Fase están de mostrando que no estamos a la altura del resto de
quienes sí han tomado con la seriedad del caso esta
competencia.
La ayuda extra que llegó desde las arcas de la provincia sirvió
para paliar en parte la situación financiera pero no la
futbolística, porque si bien ese dinero sirve para solventar
los gastos, en lo deportivo todo sigue igual puesto que Mandiyú
debe afrontar todo lo que viene con el mismo plantel clase B que
tiene, dado que por negligencia de las mismas instituciones
participantes no se tuvo en cuenta el cupo de refuerzos entre
una fase y otra como sí se hizo en el resto de las divisiones.
Y como están presentadas las cosas la estadía de Mandiyú en
la categoría es cuestión de tiempo, es muy difícil que pueda
evitar el descenso al Federal B. Hoy el equipo correntino es el
peor de todos en la divisional, los puntos obtenidos al cabo
de 17 fechas lo posicionan en el último lugar de la tabla
general de los 40 equipos, que será la que a la postre
determinará los descensos.
Hoy no se puede llorar sobre la
leche derramada, antes se debió pensar con la seriedad del
caso si realmente esta institución está en condiciones de
afrontar un compromiso como el que asumió.
Lo dijimos antes
y lo volvemos a repetir, no es cuestión de querer participar
por querer participar, antes debió evaluarse si estaban en
condiciones como para participar de este torneo.
Lo
dijimos antes y lo volvemos a repetir, aquí se tomó la
costumbre de querer “saludar con sombrero ajeno”. Se creyó que
otra vez el Gobierno iba a ser el gran sponsor, que el “socio” que
apareció en la pasada temporada iba a volver a desembolsar
dinero para que otros se quieran llevar la gloria, pero nada de
eso sucedió porque el estado provincial puso un límite a su
colaboración y el “socio” al ver que no era negocio decidió
terminar con la sociedad.
Entonces como conclusión quedó
esto que hoy vemos, un equipo clase B compitiendo entre los de
la A, y la diferencia es grande, se ve cada fin de semana.
Fuente: Época - Luis Reinaldo Gómez

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